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Netsukes japoneses en venta el 3 de diciembre

26 "Noviembre" 2020

A lo largo de este año hemos realizado dos subastas centradas exclusivamente en netsukes, las cuales han generado mucho interés entre los coleccionistas y conocedores del arte japonés de todo el mundo. Continuando con esta línea, ya hemos inaugurado una tercera subasta de netsukes, la cual puedes visitar a través de este enlace. Todos ellos provienen de la colección privada de un coleccionista particular que había recopilado numerosos netsukes y piezas de arte oriental a lo largo de su vida, y cuya adquisición, ahora es posible a través de subasta.


¿Qué es exactamente un netsuke?


Estas pequeñas figuras se empezaron a utilizar alrededor del siglo XVII como complemento de los tradicionales kimonos japoneses. Estas piezas con una función práctica en su origen, se colocaban colgando de una faja que cerraba la ropa. 


Debido al detallismo y la precisión con la que se hacían los netsukes, con el paso del tiempo llegaron a convertirse en auténticas piezas artísticas y a considerarse como esculturas en miniatura de gran valor artesanal, muy apreciadas por los coleccionistas. 


Respecto a los materiales utilizados, encontramos una gran variedad: siendo el marfil, el hueso, el jade, la madera y la porcelana los más populares. Pero lo que resulta tan atractivo y de peso para los coleccionistas e historiadores de netsukes son sus temáticas, que pueden ir desde representaciones de simples objetos cotidianos a pasajes de la mitología japonesa o el folklore popular, como por ejemplo los netsukes de animales provenientes de fábulas o reales. 


Tal es su importancia, que gracias a estas representaciones, los historiadores han podido descifrar aspectos importantes de la vida social y cotidiana de Japón. Los netsukes se popularizaron como objeto funcional especialmente durante el periodo Edo (de principios del siglo XVII a finales del siglo XIX). 


La escasez de estas piezas hace que sea difícil encontrar netsukes japoneses en venta originales de la época, así que esta colección constituye una verdadera reliquia en sí misma. Puedes ver el catálogo entero aquí




Netsukes número 109 y 93

Otras figuras vinculadas a los netsukes: inro y ojime

Los kimonos carecían de bolsillos en la época, y para poder transportar los pequeños objetos cotidianos, además de los tradicionales sagemonos, los japoneses inventaron unas cajas llamadas inros, hechas con una delicada técnica artesanal que, al igual que los netsukes, las ha convertido en preciados objetos de arte. Se utilizaban para llevar identificaciones, dinero o medicamentos, por ejemplo.


Además, para sujetar los inros se hacía uso de otras piezas llamadas ojime junto con una cuerda, muy parecidas a los netsukes. En las subastas de netsukes anteriores hemos incluido algunas piezas de ojimes e inros que puedes visualizar haciendo clic en las palabras. 


Como pujar por un netsuke


Si estás interesado en alguno de los netsukes en venta, te facilitamos el proceso de puja a través del registro en nuestra página web. Los pasos a seguir son muy sencillos:


  1. Regístrate a través de este enlace para poder dejar constancia de tu puja. 

  2. Introduce tu puja en el recuadro que encontrarás al lado del lote.

  3. Conéctate el día 3 de diciembre a las 17h para seguir en vivo la subasta y poder aumentar la puja si el lote que seleccionaste tiene otros usuarios interesados.





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Frederic Remington: el retratista del Oeste americano en subasta el 22 de octubre

16 "Octubre" 2020

Frederic Remington (1861 – 1909,  Estados Unidos) destacó como pintor, ilustrador, escultor y escritor, focalizando su trabajo en la representación del antiguo Oeste estadounidense especialmente con imágenes de vaqueros, indios americanos y la caballería de los Estados Unidos.


Para nuestra subasta del 22 de octubre, hemos tenido la ocasión de incluir una de sus esculturas, ‘Indio a caballo’. Nuestros expertos han hecho un tedioso análisis de la obra, que se incluye en este texto. 


Gracias a su amplio legado de pinturas, pero sobre todo al de las esculturas de bronce que reflejan la vida en el Oeste, se tiene constancia de muchos detalles sobre la cotidianeidad de ese periodo, breve pero muy pintoresco a la vez. Este es uno de los motivos que llevó a una de sus obras, ‘The Bronco Buster’, a formar parte de la decoración del Despacho Oval de la Casa Blanca y de su colección de arte. Aunque su selección también se debe a la amistad entre el propio Remington y el Presidente Roosevelt. 


Sus obras se encuadran en un momento en el que el avance de la civilización va a acabar con este estilo de vida para remodelar unos paisajes urbanos ya casi extinguidos. Más allá de ser conocido por sus esculturas de bronce, Remington ganó prestigio sobre todo por su trabajo como ilustrador para revistas como Harper’s, Scribner’s y Outing.                                                


Uno de sus grandes logros de cara al público fue una exposición muy exitosa y muy comentada por la prensa, que tuvo lugar en la galería Knoedler’s de Nueva York, poco antes de su muerte. 


Esta pasión por la naturaleza y la escena western tuvo origen durante su infancia, momento en el que comenzó a realizar dibujos y esbozos de lo que veía en las salidas para cabalgar y cazar que realizaba habitualmente su familia.


Por otro lado, tras dejar sus estudios de Bellas Artes en la Universidad de Yale, se fue al Oeste de Estados Unidos, movido por la curiosidad que esta zona le causaba. Su primer viaje fue a Montana, en 1882, el primero de muchos a esta zona, y, según cuentan diversos documentos, no encontró lo que se había imaginado de niño: los pueblos ya habían comenzado un proceso de revolución urbana y los indios empezaban a vivir apartados en reservas. 


Esto hizo que le urgiera la necesidad de representar una mezcla de la realidad que había visto, antes de que fuera demasiado tarde, añadiéndole una dosis de fantasía con la imagen idealizada de estos escenarios que él mismo se había forjado antes de llegar. 


Es por esto por lo que sus representaciones del Oeste Americano se convirtieron en algo así como un mito. Al igual que la propia persona de Remington, cuya fama lo ayudó a ser el artista favorito para retratar a los oficiales del ejército estadounidense en el campo de batalla, mientras las luchas con los nativos americanos daban sus últimos coletazos.


Su estilo era naturalista, a veces impresionista, y generalmente se alejaba del realismo etnográfico de los primeros artistas occidentales. Además, Remington fue uno de los primeros artistas americanos en ilustrar de forma verídica a un caballo en movimiento.